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Próxima la Navidad, el frío ha llegado al Jardín. El invierno baleárico, y en general el invierno mediterráneo, es por definición moderadamente frío. Las bajas temperaturas no son extremas en nuestra latitud, pero aún así, las plantas se disponen a pasar unos meses de frío y humedad ambiental que condiciona en gran parte su metabolismo.
Los vegetales, no disponen de ningún tipo de termorregulación como los mamíferos y otros grupos de animales. Por lo tanto, el frío ambiental de estos meses, limita su actividad metabólica pudiendo llegar incluso, a provocarles daños importantes cuando las temperaturas bajan de unos límites y congelan sus tejidos.
Como respuesta inmediata a esta situación, deberíamos esperar a que nuestros árboles perdieran las hojas, como lo hacen los caducifolios de los países más fríos, para evitar la formación de cristales de hielo dentro de sus tejidos y la consiguiente muerte de los mismos por congelación y rotura celular.
Si esto es una deducción lógica, ¿por qué los árboles y arbustos mediterráneos, como los olivos, los algarrobos o el mirto, son perennifolios?. ¿Qué papel juegan las hojas esclerófilas?. ¿No sería más sencillo que se adaptaran a una pérdida de hojas durante estos meses de invierno?
Como reacciona la vegetación mediterránea con la llegada del frío invernal y las heladas puntuales?
Un itinerario autoguiado por el Jardín nos ayudará a descubrir el secreto, a conocer mejor las pautas de hibernación de nuestras plantas y sus estrategias para seguir con su ciclo vital durante este período adverso.
ITINERARIO ENERO-FEBRERO-MARZO. FLORA BALEÁRICA.
Corresponde a las áreas: M1-M2-M3-M4-M5 según el desplegable del JBS.
Este itinerario por el Jardín Botánico de Sóller es autoguiado y el hilo conductor son los nombres científicos indicados en las placas identificativas de cada planta y la nomenclatura de cada área según el plano del JBS.
Introducción
El frío de las noches y la elevada humedad ambiental provocan, en el Mediterráneo, una ralentización de todas las actividades metabólicas propias del crecimiento y desarrollo de las plantas.
Como respuesta a este hecho, las plantas no sacan hojas nuevas y, en general, no crecen si la temperatura ambiental es menor de 10ºC.
La pérdida de hojas durante el invierno, para un árbol o arbusto mediterráneo, no es una buena estrategia energética. El invierno es tan corto que, en pocos meses llega la primavera y se tiene que crear toda una nueva masa foliar que, energeticamente hablando, comportará un gasto muy elevado de nutrientes. Por lo tanto la estrategia consiste en no perder las hojas y mantenerlas con un metabolismo ralentizado. Además, las hojas de los perennifolios mediterráneos tienen la particularidad de ser esclerófilas, hecho que les permite sacar el máximo rendimiento tanto de las condiciones climáticas del verano como de las del invierno.
En general, las hojas se verán obligadas a superar el período de frío con un mínimo crecimiento para evitar que se congelen los tejidos jóvenes. Pero las hojas esclerófilas disponen de capas duras protectoras formadas por ligninas y celulosa, además de unos estomas protegidos por una pilosidad densa que controlan muy bien las pérdidas de agua. De esta manera pueden resistir temperaturas inferiores a los 0ºC sin que los tejidos se vean perjudicados.
Los caducifolios invernales, como el tilo o los ginkgos del Jardín Botánico, pierden la hoja durante el otoño, ya que estos no resistirían las frías temperaturas del invierno. Son los que mejor se adaptan a las adversidades de un invierno duro aunque en la flora baleárica hay más bien pocos como ellos, debido a que el invierno es corto y frecuentemente suave. La producción de hojas de los caducifolios, no precisa de un coste energético tan elevado como la producción de hojas esclerófilas, pudiendo mantener una nueva producción cada nueva primavera.
M1: Ruscus aculeatus
El brusco o arrayán morisco, se caracteriza por sus frutos en baya de color rojo. En Navidad la fructificación es optima, durante el mes de enero deja caer los frutos maduros y en febrero podremos observar el comienzo de una nueva floración. Es curioso observar que las flores nacen en el centro de unas falsas hojas llamadas pseudocladodios donde también aparece una hoja muy reducida. Por tanto, las aparentes hojas no son más que una parte laminada del tallo.
M2: Medicago citrina
Este arbusto endémico del archipiélago de Cabrera, Columbretes y algunos islotes de Ibiza, está protegido por el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas. En el mes de febrero veremos despuntar los primeros capullos que se abrirán en flores papilionaceas de color amarillo limón. Posiblemente su distribución ha quedado reducida a los islotes debido a que en las islas mayores, los mamíferos herbívoros, han imposibilitado su dispersión. Actualmente, el equipo del Jardín Botánico de Sóller, está llevando a cabo un Plan de Conservación de esta especie en el Parque Nacional del Archipiélago de Cabrera.
M4: Quercus ilex
La encina es uno de los árboles perennifolios más emblemáticos del mediterráneo. Gracias a sus hojas coriáceas puede resistir perfectamente las temperaturas de los inviernos más fríos. Sus hojas pueden resisitir temperaturas extremas de –12ºC y los troncos hasta –20ºC durante el invierno. En cambio, los brotes tiernos del verano solamente podrían resistir temperaturas próximas a 0ºC.
M4: Helleborus lividus
A finales de enero y principios de febrero inician su floración los eléboros. Sus hojas coriáceas llamarán la atención por su color verde azulón y sus nervios blanquecinos por el anverso y púrpuras por el reverso. Las flores, que no disponen de pétalos, son verdosas con tonalidades púrpuras y tienen un número elevado de estambres con las anteras amarillas. Este endemismo solamente vive en Mallorca y Cabrera, en lugares frescos, sombríos y resguardados. Existe un taxon vicariante en las islas vecinas de Córcega y Cerdeña, Helleborus lividus subsp. corsicus.
M4: Rhamnus alaternus
El aladierno es otro perennifolio mediterráneo que resiste bien el invierno. Puede soportar hasta –11ºC. Sus hojas de color verde brillante son comida exquisita para las cabras y ovejas, y si las miramos a contraluz veremos que su margen es totalmente transparente. Los frutos carnosos y negros son alimento de tordos y mirlos.
M4: Taxus baccata
El tejo es un árbol de hoja perenne en forma de aguja que resiste perfectamente las temperaturas extremas del invierno. En las Baleares vive solamente en Mallorca, en las zonas más montañosas, donde el ambiente es más fresco y húmedo. El tejo de esta área es todavía un árbol joven, hace dieciséis años que fue plantado, pero esta especie puede llegar a vivir miles de años y alcanzar una altura de quince o veinte metros. De hecho, con casi toda seguridad, el árbol más viejo de Mallorca es el tejo de La Granja de Esporlas al que se le han calculado unos dos mil años de vida.
El tejo es un árbol dioico, es decir, hay pies machos que no dan fruto, y pies hembra que dan un fruto rojo comestible, aunque poco agradable al paladar.
En cambio el resto de la planta contiene un alcaloide venenoso, el taxol, que puede producir vómitos, diarreas, convulsiones, y insuficiencia cardíaca y respiratoria. La madera del tejo, sin embargo, es muy apreciada en ebanistería por su dureza y las vetas finas que forman sus anillos de crecimiento.
M5: Tilia platyphyllos
El tilo del Jardín Botánico es un árbol de cerca de cien años, que fue sembrado por los primeros propietarios de la finca y que sobrevive esplendoroso integrado entre las plantas silvestres baleáricas del Jardín. Durante el invierno pierde las hojas, ya que es una especie propia de los bosques caducifolios del sudoeste europeo y de algunas sierras del norte de la Península Ibérica. Incluso sin hojas, este árbol majestuoso es considerado el guardián del Jardín Botánico. Durante el verano nos dará la flor de tilo con la que se hacen infusiones para combatir el insomnio y el nerviosismo y durante el invierno, bastará contemplar en silencio su inmenso porte para disfrutar en paz de su generosa serenidad.
M5: Hippocrepis balearica
La "violeta de penyal" o violeta de riscos inicia su floración muy pronto, en pleno invierno. Este nombre popular de "violeta" viene dado por el intenso olor que desprenden sus flores amarillas, principalmente durante las horas del mediodía.
Es un aroma muy parecido al de las verdaderas violetas y resulta un poderoso atractivo para los insectos polinizadores. A pesar de ello, la "violeta de penyal" no tiene nada que ver con las demás plantas de este género.
Una curiosidad del género Hippocrepis en las Islas Baleares es su diversidad específica. Tanto en Mallorca, Menorca como en Ibiza encontramos especies de Hippocrepis taxonómicamente bien diferenciadas y que hasta hace poco se habían considerado como la misma especie. En este rincón del área 5 podéis observar la especie ibicenca que tiene un porte más arbustivo, es la llamada Hippocrepis grossii; y en la parte superior del muro observamos el taxon mallorquín formando casi una alfombra que nunca llegará a hacerse arbustiva.
M5: Micromeria inodora
Desde el mes de octubre podemos ver las flores de este taxon. Es en esta época de frío, casi la única pincelada de color que adorna esta rocalla donde se representan las especies que forman las timonedas baleáricas. Micromeria inodora o también llamada Thymus inodorus, es de la familia de los tomillos y se caracteriza por su forma de cojín compacto y sus flores labiadas de color púrpura. En las Pitiusas es una especie muy común, pero en cambio en las Gimnésicas solamente existe en una localidad cercana de las cuestas de Xorrigo, en Mallorca.
Las plantas del Mediterráneo soportan tranquilamente el invierno fortaleciendo sus defensas y esperando la primavera para volver a crecer con esplendorosidad. Visitad el Jardín Botánico de Sóller la próxima primavera, cuando las plantas baleáricas aporten todo su color y aroma al Jardín.
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