La temperatura
La fermentación del compost se debe iniciar rápidamente. Dentro de un intervalo de tres o cuatro días el montón tiene que llegar a una temperatura aproximada de 50-60ºC que después tiene que disminuir progresivamente. Si no se calienta significa que el montón no está bien hecho. Tal vez está demasiado húmedo o no hay suficiente materia orgánica rica en nitrógeno. En este caso se tendrá que rehacer el montón. Si la temperatura superara 70ºC ya no sería descomposición sinó combustión y los nutrientes se degradarían. También tendríamos que rehacer el montón. Los responsables de esta subida de temperatura y, por tanto, de esta primera fase de descomposición son las bacterias. Su actividad provoca un aumento de temperatura que elimina los gérmenes y también todas las posibles semillas de malas hierbas.
La temperatura siempre se tiene que medir en el interior. Para facilitar la tarea, basta con atar el termómetro al extremo de una caña o escoba vieja.
La capa exterior del compost no se calienta como la interior, por eso la descomposición es más lenta. El hecho de cubrir el montón con tierra, paja, sacos,... facilitará que la subida de temperatura sea más homogénea por todo el montón.
La humedad
Mantener un grado de humedad óptimo es muy importante, ya que los microorganismos que intervienen en la descomposición de la materia orgánica disminuirán su actividad si disminuye la humedad. Cuando observamos con mucha facilidad hongos en su interior, parecidos a una telaraña blanquecina, significará que está demasiado seco. Si el montón está demasiado húmedo, el agua ocupará los espacios que ocupa el aire y, entonces, faltará oxígeno, se producirá la putrefacción y aparecerán malos olores. Conviene mezclar el compost con material seco, como por ejemplo, tierra vieja de semilleros, pequeñas ramas o hierba seca. Se tiene que proteger el montón en caso de lluvia.
Para saber cual es el grado de humedad ideal, basta coger un puñado de compost y apretarlo: no tiene que ensuciar la mano, sólo dejarla húmeda. La humedad del interior se puede comprobar introduciendo el mango de una escoba o una caña: no tienen que salir con restos de compost pegado.
La ventilación
Si el montón está bien hecho, no hace falta revolverlo, pero esta operación acelera el proceso de descomposición. Se aconseja revolver el compost al cabo de unos tres meses. Si el interior está muy compacto significará que hay un exceso de agua y una ventilación insuficiente. Hará falta revolver los materiales. En caso de falta de aire, desprende malos olores. Conviene ventilar el compost, revolverlo o hacer agujeros con una caña o mango de escoba